LA LALÍN BIKE RACE Y LOS PARQUES EÓLICOS

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*Editorial

La práctica de actividades deportivas en la naturaleza presentan numerosas ventajas para la sociedad, la economía… el bienestar físico. Las bicicletas son, no sólo una alternativa a la movilidad, también una aportación importante al medio ambiente. También lo son las carreras de montaña, travesías…incluso la caza o la pesca. El problema es cuando su práctica se masifica o no se desarrolla con las medidas preventivas y correctoras debidas (o estas se aplican tarde). Porque el problema puede ser, además de la carrera en sí misma, una serie de elementos inherentes a ella: vehículos de apoyo, generación de residuos, comportamiento del público.

 

Las pruebas deportivas sin motor en espacios protegidos deberían estar limitadas, por la propia organización, a un número adecuado de participantes, contar con una memoria ambiental de desarrollo de la prueba y medidas de protección sobre  flora y fauna presente, en especial la amenazada (y en este caso son varias las especies que proliferan en el recorrido de esta competición). Estas memorias deben además incluir una justificación del momento del año y recorrido más adecuado en atención,  a criterios ambientales (además de los deportivos).  En este caso no se cumple, quizás porque el área de medioambiente municipal es inexistente o tiene mejores cosas que hacer que cumplir su cometido.

 

Algo parecido ocurre con la energía eólica, buena en si misma y eficaz medio para la lucha contra el consumo de energías fósiles y sus efectos contaminantes: pero cuando se desarrolla en lugares inadecuados se convierte en un problema ambiental y empieza a generar rechazo social. El problema es cómo se hacen los parques solares o eólicos, no que existan.

 

Desde nuestra página de Facebook, el pasado martes publicamos una entrada, breve, concisa que recogía algunas quejas de vecinos de Vilatuxe sobre los efectos en algunas zonas del paso de bicicletas, pero sobre todo de abandono de residuos en el monte. Incluso la organización dejó sin retirar parte de sus propios residuos hasta el día siguiente al evento. Nuestra publicación, breve, tan sólo decía, en dos frases: “…ponen en evidencia un comportamiento muy poco responsable social y medioambientalmente hablando… y es que eventos como este LBR deben extremar el cuidado con su impacto en el medio y los residuos dejados tras la carrera, no recogidos por la organización,  especialmente en forma de cintas plásticas pero también otros tipos de envoltorios y envases plásticos. A ello se une el  deterioro en algunas zonas,  de las pistas de zahorra, sin que se repusiese el estado anterior.

Los planes de celebración de eventos deben de contar siempre con los planes de gestión de residuos y corrección de impacto ambiental”.

 

Esta publicación recibió la reacción del entorno de la organización en los comentarios (además de cerca de 3.000 visitas a la misma, quizás gracias en parte a esos mismos comentarios. Gracias). Entre esos comentarios unos corteses, mostrando su desacuerdo, otros reprochando que se criticase tan pronto la no recogida de residuos, otros recordando que estas pruebas sirven para reabrir caminos, alguno reconociendo que sí pero que mas estropean los tractores forestales o los que tiran televisores.  Los menos atribuyeron la información a la “avidez de escribir noticias”… y un par de “sesudos analistas” zanjaban la cuestión con un: esto estaba escrito desde antes de la carrera o la calificaron de “noticia lamentable e falta de rigor informativo”.

 

Por nuestra parte, salvo a los dos últimos y su espirito aleccionador y descalificador sin aportar nada al debate, valoramos que buena parte de los demás comentarios merecieron nuestro respeto, a la organización el aplauso por el esfuerzo pero el reproche por no imitar otros grandes y buenos ejemplos en la organización de pruebas similares, pero ambientalmente responsable: el Soplao o Orbea Monegros pueden ser buenas inspiraciones de como hacer las cosas en el futuro en Lalín… En esos mismos comentarios fuimos añadiendo fotos del día siguiente, con algunos miembros de la organización recogiendo las cintas de señalización y algún otro residuo. En las reacciones, en general, se apuesta por analizar el impacto ambiental desde un espiritu  un tanto extrapunitivo, en otros les pudo la tentación de “matar al mensajero”. Esa falta de responsabilidad ambiental (o irresponsabilidad) no va a ayudar a ganar adeptos, mucho menos entre algunos vecinos de las zonas afectadas (los que se quejaron a Lalin.net y nosotros publicamos). Nosotros mismos añadimos como comentario el trabajo de recogida de residuos realizada al día siguiente.

 

La organización de pruebas como la LBR debe obligarse a ser un ejemplo de comportamiento ambiental, y las autoridades deben exigir ese documento antes de su celebración y vigilar su cumplimiento durante y después. Hay abundante literatura técnica sobre la cuestión. Las distintas Federaciones españolas tienen MANUALES DE BUENAS PRÁCTICAS AMBIENTALES. Sin entrar a analizar todas ellas sólo vamos a recoger un párrafo de una de ellas (insisto sin entrar a analizar otras más exigentes como las carreras de El Soplao o Monegros).

Tal y como recoge, por ejemplo, el manual “ Minimización de los impactos medioambientales en los eventos deportivos en el medio natural: bicicleta todo terreno de Estela Inés Farías y directrices de International Mountain Bicycling Association.

Se hace necesario acometer los trabajos de minimización de impacto ambiental de forma inmediata a la competición: limpieza de toda la zona adyacente al recorrido, especialmente zonas próximas a los diferentes avituallamientos, restauración, si hiciera falta, de zonas puntuales intensamente afectadas por el evento, con la participación de técnicos especialistas, con soporte de la organización y el voluntariado de la competición.

Restaurar, regenerar y limpiar el área en donde se ha desarrollado el evento, una vez finalizado el mismo, se constituye como uno de los elementos claves de la gestión sostenible de este tipo de acontecimientos. Así mismo, prever una gestión integral de los residuos que se puedan generar durante el evento (ej. racionalizar el consumo de los mismos, evitar los productos de usar y tirar, implementar un sistema de recogida selectiva en los avituallamientos, procurar el uso de materiales de señalización biodegradables como pinturas, cintas, etc.). Informar sobre las normas de participación de forma previa (materiales o sistemas de difusión ) o durante el transcurso de la prueba (momentos previos a la salida por megafonía), son también una buena forma de transmitir un mensaje de respeto y coherencia hacia los participantes.

Es esencial, por parte de los promotores de este tipo de eventos, tener un mínimo de conocimiento acerca de las posibles afecciones o impactos medioambientales que la organización de este tipo de marchas o pruebas puede provocar sobre el medio que se desarrollan.

La sistematización, categorización y análisis aquí propuestas (incluida la identificación de impactos o afecciones claves) no solo puede resultar útil a la hora de reflexionar en torno a los principales aspectos a ser considerados en la organización de este tipo de eventos; sino también por la circunstancia de poder constituirse como un buen vehículo de concienciación en torno a una correcta toma de decisiones por parte de los diferentes grupos de agentes implicados (consorcios, ayuntamientos, gestores del territorio, entidades deportivas o asociaciones diversas).

A partir de la descripción y justificación de lo que en este estudio se propone como principales impactos o afecciones medioambientales claves: pérdida de cobertura vegetal e inicio del proceso de erosión del suelo, se puede llegar a entender claramente la enorme repercusión que tiene sobre el terreno la obertura o creación de nuevos tramos de itinerarios que, una vez abiertos, pasan a formar parte de la red de itinerarios de la zona, con su correspondiente uso. De aquí dos de las principales recomendaciones propuestas: evitar al máximo abrir nuevos tramos o tracks y, en el caso de hacerlo, realizar su correcta planificación… sabemos que esta práctica suele ser bastante común cuando nos referimos al diseño de las rutas o tracks incluidas en este tipo de eventos.

Dicho lo anterior: la Lalín Bike Race (como las demás actividades deportivas a pie o en bici por nuestros espacios naturales)  es una gran iniciativa, pero anclarse en la idea de estar por encima del bien y del mal, de negarse a aceptar críticas constructivas e implementar medidas para la mejora, en materia ambiental para futuras ediciones… sólo servirá para generar rechazo que no conseguirán aplacar los aplausos o los auto-like de “la parroquia”, para cuestionar a quién te dice algo que no te agrada. Hay pruebas deportivas similares, que se han convertido en todo un ejemplo de responsabilidad ambiental. Por el momento, en Lalín, no es el caso… ni de lejos!

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