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OPINIÓN
LAXEIRO: EL TRAZO QUE NOS SALVA
Fecha 24/02/2026
Alberto Barciela
Periodista
El 23-F es el cumpleaños de Laxeiro. Sigue siéndolo muchos años después de tantos inconvenientes tiempos, por su ausencia y por los avatares. Nos salvan la cultura y la amistad; esa que ayer, a deshora -las 13:00 horas de la convocatoria no parecen las más adecuadas para un acto cultural-, nos permitió acercarnos al Museo de Arte Contemporáneo de Vigo a algunos amigos del artista, editores, comisarios, escritores, profesores, fotógrafos, pintores o periodistas. Entre ellos se encontraban el escritor y editor Bieito Ledo, el historiador y crítico de arte Antón Castro, el pintor Antón Pulido, el fotógrafo Carlos Rodríguez, el escultor Silverio Rivas, el galerista Beny Fernández, o el polifacético Xavier Magalhaes, otros que no están en las fotos, como el también galerista Viki Montenegro.
Había que celebrar a Ana Alfaya, y allí estuvieron Carlos García Suárez y Paula García-Suárez Fernández, flamante nueva vicepresidenta de la Fundación Laxeiro; el director Artístico de la entidad convocante, Javier Buján; el Director Xeral de Cultura da Xunta de Galicia, Anxo Lorenzo; el escritor Francisco Castro, generoso glosador de la premiada; Miguel Fernández-Cid, director del MARCO, además del concejal de Cultura, Gorka Gómez Díaz y su compañera de corporación, Elena Espinosa, y, por supuesto, el alcalde y presidente de la Fundación Laxeiro, Abel Caballero, quien cerró el acto.
La memoria de José Otero Abeledo, nuestro Laxeiro, trasciende el calendario para instalarse en esa geografía afectiva que compartimos quienes valoramos la vanguardia histórica gallega. El encuentro en el Museo de Arte Contemporánea de Vigo no fue solo un ejercicio de protocolo institucional, sino una reivindicación del legado de un hombre que supo pintar el alma de un pueblo con la fuerza de lo telúrico y la libertad de lo universal. A pesar de que la hora pudiese resultar intempestiva para la lírica o el análisis sosegado, la presencia de figuras tan relevantes de nuestra intelectualidad y creación artística confirmó que el magisterio del pintor de Lalín permanece intacto, ajeno al paso de las décadas.
En esta jornada de ausencias sentidas, no pudo estar presente el pintor y alumno aventajado de Laxeiro, José María Barreiro, que estos días vuelca su maestría cromática en una exposición en la Casa de las Artes de la Ciudad Olívica. Sin embargo, su espíritu y el de tantos otros representantes de la vibrante vida social de Vigo sobrevolaron un acto que reafirma a la urbe como el gran pulmón creativo de Galicia. Vigo no es solo industria y mar; es el escenario donde la modernidad gallega encontró su voz más cosmopolita y audaz, un territorio que, desde sus instituciones y sus calles, sigue alimentando el fuego sagrado de nuestra plástica con una energía inagotable. Luz de luz.
Celebrar a Ana Alfaya, en el Día de Rosalía, en este contexto es también reconocer la labor de quienes custodian esa llama, aunque su discurso “romanticoide” y un tanto sesgado no gustó a todos.
La Fundación Laxeiro, ahora reforzada con nuevas incorporaciones en su directiva, continúa siendo el faro necesario para que las nuevas generaciones no pierdan de vista la modernidad que Laxeiro imprimió en cada trazo. La reunión de ayer fue un recordatorio de que, frente a las dificultades de los tiempos actuales, la cohesión cultural y el respeto por nuestros referentes siguen siendo los pilares sobre los que se construye la identidad de un país que se reconoce en sus intelectuales.
Vigo se consolida, una vez más, como la capital de un sentimiento artístico que no entiende de fronteras pero sí de raíces. La importancia de esta ciudad en el devenir del arte gallego es incuestionable: es aquí donde el trazo se vuelve vanguardia y la tradición se abraza con el futuro. En este rincón del Atlántico, la cultura no es un adorno, sino una forma de resistencia y de vida que nos permite, como bien enseñó el maestro, salvarnos de cualquier naufragio cotidiano a través de la belleza y la palabra compartida.
Alberto Barciela
Periodista
El 23-F es el cumpleaños de Laxeiro. Sigue siéndolo muchos años después de tantos inconvenientes tiempos, por su ausencia y por los avatares. Nos salvan la cultura y la amistad; esa que ayer, a deshora -las 13:00 horas de la convocatoria no parecen las más adecuadas para un acto cultural-, nos permitió acercarnos al Museo de Arte Contemporáneo de Vigo a algunos amigos del artista, editores, comisarios, escritores, profesores, fotógrafos, pintores o periodistas. Entre ellos se encontraban el escritor y editor Bieito Ledo, el historiador y crítico de arte Antón Castro, el pintor Antón Pulido, el fotógrafo Carlos Rodríguez, el escultor Silverio Rivas, el galerista Beny Fernández, o el polifacético Xavier Magalhaes, otros que no están en las fotos, como el también galerista Viki Montenegro.
Había que celebrar a Ana Alfaya, y allí estuvieron Carlos García Suárez y Paula García-Suárez Fernández, flamante nueva vicepresidenta de la Fundación Laxeiro; el director Artístico de la entidad convocante, Javier Buján; el Director Xeral de Cultura da Xunta de Galicia, Anxo Lorenzo; el escritor Francisco Castro, generoso glosador de la premiada; Miguel Fernández-Cid, director del MARCO, además del concejal de Cultura, Gorka Gómez Díaz y su compañera de corporación, Elena Espinosa, y, por supuesto, el alcalde y presidente de la Fundación Laxeiro, Abel Caballero, quien cerró el acto.
La memoria de José Otero Abeledo, nuestro Laxeiro, trasciende el calendario para instalarse en esa geografía afectiva que compartimos quienes valoramos la vanguardia histórica gallega. El encuentro en el Museo de Arte Contemporánea de Vigo no fue solo un ejercicio de protocolo institucional, sino una reivindicación del legado de un hombre que supo pintar el alma de un pueblo con la fuerza de lo telúrico y la libertad de lo universal. A pesar de que la hora pudiese resultar intempestiva para la lírica o el análisis sosegado, la presencia de figuras tan relevantes de nuestra intelectualidad y creación artística confirmó que el magisterio del pintor de Lalín permanece intacto, ajeno al paso de las décadas.
En esta jornada de ausencias sentidas, no pudo estar presente el pintor y alumno aventajado de Laxeiro, José María Barreiro, que estos días vuelca su maestría cromática en una exposición en la Casa de las Artes de la Ciudad Olívica. Sin embargo, su espíritu y el de tantos otros representantes de la vibrante vida social de Vigo sobrevolaron un acto que reafirma a la urbe como el gran pulmón creativo de Galicia. Vigo no es solo industria y mar; es el escenario donde la modernidad gallega encontró su voz más cosmopolita y audaz, un territorio que, desde sus instituciones y sus calles, sigue alimentando el fuego sagrado de nuestra plástica con una energía inagotable. Luz de luz.
Celebrar a Ana Alfaya, en el Día de Rosalía, en este contexto es también reconocer la labor de quienes custodian esa llama, aunque su discurso “romanticoide” y un tanto sesgado no gustó a todos.
La Fundación Laxeiro, ahora reforzada con nuevas incorporaciones en su directiva, continúa siendo el faro necesario para que las nuevas generaciones no pierdan de vista la modernidad que Laxeiro imprimió en cada trazo. La reunión de ayer fue un recordatorio de que, frente a las dificultades de los tiempos actuales, la cohesión cultural y el respeto por nuestros referentes siguen siendo los pilares sobre los que se construye la identidad de un país que se reconoce en sus intelectuales.
Vigo se consolida, una vez más, como la capital de un sentimiento artístico que no entiende de fronteras pero sí de raíces. La importancia de esta ciudad en el devenir del arte gallego es incuestionable: es aquí donde el trazo se vuelve vanguardia y la tradición se abraza con el futuro. En este rincón del Atlántico, la cultura no es un adorno, sino una forma de resistencia y de vida que nos permite, como bien enseñó el maestro, salvarnos de cualquier naufragio cotidiano a través de la belleza y la palabra compartida.
Alberto Barciela